Fue un antes y un después para ambas margenes del rio Uruguay.
Durante generaciones, el río Uruguay fue mucho más que un curso de agua para las comunidades de Fray Bentos y la zona de Puerto Unzué y Gualeguaychú. Fue parte de su identidad, de su paisaje y de una historia compartida, pero también representó una barrera física que condicionaba la comunicación entre los pueblos de ambas márgenes.

La construcción del puente internacional Libertador General San Martín cambió esa realidad y se convirtió en uno de los acontecimientos más importantes de la historia contemporánea de esta región. La idea de establecer una conexión terrestre entre Uruguay y Argentina comenzó a tomar forma en 1960. El 23 de noviembre de ese año, ambos gobiernos constituyeron la Comisión Técnica Mixta del Puente entre Argentina y Uruguay (COMPAU), organismo encargado de estudiar las distintas alternativas para construir una comunicación vial sobre el río Uruguay.
La comisión quedó formalmente constituida el 7 de febrero de 1961 y los estudios determinaron que la zona de Puerto Unzué, en Argentina, y Fray Bentos, en Uruguay, reunía las mejores condiciones para concretar el proyecto.
El 30 de mayo de 1967 se firmó el convenio para la construcción del puente internacional, estableciendo que cada país asumiría las obras correspondientes a su territorio y que la infraestructura sería propiedad común e indivisible de Uruguay y Argentina.
Una obra para integrar.
La construcción comenzó a materializarse luego de que ambos países obtuvieran financiamiento parcial del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). En 1972, el Consorcio Puente Internacional COPUI fue adjudicado para ejecutar los trabajos, mediante una Licitación Pública Internacional.
La magnitud de la obra fue extraordinaria para la época. El puente y sus accesos alcanzan una extensión de 5.966 metros, con 4.220 metros en territorio argentino y 1.146 metros en territorio uruguayo, además de los terraplenes de acceso.
Su estructura principal fue construida en hormigón armado pretensado y cuenta con un vano central de 220 metros de luz, ubicado sobre el canal principal de navegación del río Uruguay. Pero detrás de esas cifras existe una historia mucho más profunda: la de comunidades que comenzaron a tener una nueva posibilidad de encontrarse.
Cuando las orillas quedaron más cerca.
Antes del puente, trasladarse entre ambas márgenes del río implicaba recurrir a los sistemas de navegación disponibles y organizar los viajes en función de ellos. La construcción de la conexión vial modificó definitivamente esa dinámica.
Fray Bentos pasó a tener una conexión directa con el territorio argentino y la región adquirió una nueva puerta de entrada y salida para personas y mercaderías.
El impacto se sintió en la vida cotidiana. Familias separadas por el río pudieron encontrarse con mayor facilidad; crecieron las posibilidades para el comercio, el turismo y el transporte; trabajadores y estudiantes encontraron nuevas alternativas de movilidad y las actividades sociales y culturales comenzaron a desarrollarse con una mayor interacción entre las comunidades.
El puente también permitió que muchas relaciones que ya existían entre ambas orillas pudieran profundizarse. Porque el río nunca impidió completamente el vínculo entre sus habitantes: lo que hizo la nueva infraestructura fue facilitarlo.
La inauguración oficial se produjo el 16 de setiembre de 1976 y la obra recibió el nombre de Libertador General San Martín.
Desde entonces, la infraestructura se convirtió en parte inseparable del paisaje de Fray Bentos y en una referencia para quienes viven en la región. Su importancia no se limita al tránsito internacional. El puente pasó a formar parte de la vida económica y social de la ciudad. Comerciantes, transportistas, productores, trabajadores, familias y turistas comenzaron a incorporar esa conexión como parte de su vida cotidiana. Para Fray Bentos, además, significó una transformación en su condición geográfica. La ciudad, ubicada frente a la margen argentina del río Uruguay, dejó de mirar solamente hacia la otra orilla y pasó a estar conectada físicamente con ella.
Cinco décadas de história.
A lo largo de los años, por el puente han pasado millones de personas y vehículos. Pero detrás de cada cruce existe una historia: un viaje familiar, una visita, una oportunidad laboral, una carga comercial, unas vacaciones, un encuentro entre amigos o simplemente la necesidad de llegar al otro lado. Por eso, hablar del puente Libertador General San Martín es hablar también de la historia de las personas que lo utilizaron y de las comunidades que crecieron alrededor de esta conexión.
La obra fue concebida como un proyecto de infraestructura binacional, pero con el paso del tiempo adquirió un significado que excede ampliamente sus características técnicas.
Hoy, sus casi seis kilómetros atraviesan el río Uruguay y unen físicamente dos países, pero también representan décadas de vínculos construidos entre pueblos que comparten una región, costumbres, historias familiares y una estrecha relación a ambos lados de la frontera. El puente San Martín es, en definitiva, una parte de la memoria colectiva de Fray Bentos y de las comunidades argentinas de la otra orilla. Una obra que comenzó como un proyecto de ingeniería y que terminó convirtiéndose en uno de los símbolos más visibles de la integración entre Uruguay y Argentina.











